POESÍA
Contra don Luis de Góngora
Ya que coplas
componéis,
ved que dicen los
poetas
que, siendo para
secretas,
muy públicas las
hacéis.
Cólica dicen
tenéis,
pues por la boca
purgáis;
satírico diz que
estáis;
a todos nos dais la
matraca:
descubierto habéis
la caca
con las cacas que
cantáis.
De vos dicen por
ahí
Apolo y todo su
bando
que sois poeta
nefando
pues cantáis culos
así.
[…]
No hay música donde
estén
vuestros inmundos
trabajos:
que si suenan bien
los bajos,
los tiples no
suenan bien.
Y cuando tonos les
den
de los que el vulgo
levanta,
¿cuál hombre o
mujer que canta,
si tiene cabeza
cuerda,
a pies de coplas de
mierda,
hará pasos de
garganta?
[…]
Vuestros conceptos
alabo,
pues, de pura buena
pesca,
los hacéis a la
gatesca,
pues los hacéis por
el rabo.
Tenéis un ingenio
bravo,
hacéis cosas
peregrinas,
vuestras coplas son
divinas;
sino que dice un
dotor
que vuestras
letras, señor,
se han convertido
en letrinas.
[…]
Son tan sucias de
mirar
las coplas que dais
por ricas,
que las dan en las
boticas
para hacer vomitar.
[…]
Yo, por mi, no
pongo duda
en que las coplas
pasadas,
según están de
cagadas,
las hicisteis con
ayuda.
Más valdrá que
tengáis muda
la lengua en las
suciedades;
dejad las
ventosidades:
mirad que sois en
tal caso
albañal por do el
Parnaso
purga sus
bascosidades.
Soneto
Yo te untaré mis
obras con tocino,
porque no me las
muerdas, Gongorilla,
perro de los
ingenios de Castilla,
docto en pullas,
cual mozo de camino.
Apenas hombre,
sacerdote indino,
que aprendiste sin
christus la cartilla;
chocarrero de
Córdova y Sevilla,
y, en la Corte,
bufón a lo divino.
¿Por qué censuras
tú la lengua griega
siendo sólo rabí de
la judía,
cosa que tu nariz
aun no lo niega?
No escribas versos
más, por vida mía;
aunque aquesto de
escribas se te pega,
por tener de sayón
la rebeldía.
A un hombre de gran nariz
Érase un hombre a
una nariz pegado,
érase una nariz
superlativa,
érase una alquitara
medio viva,
érase un peje
espada mal barbado;
era un reloj de sol
mal encarado,
érase un elefante
boca arriba,
érase una nariz
sayón y escriba,
un Ovidio Nasón mal
narigudo.
Érase espolón de
una galera,
érase una pirámide
de Egito,
las doce tribus de
narices era;
érase un naricísimo
infinito,
frisón archinariz,
caratulera,
sabañón garrafal,
morado y frito.
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